Desde hace siglos, cuando las clases dirigentes empezaron a hablar del castellano como la única lengua de España, los argumentos y justificaciones por parte de personas tan versadas en lingüística como yo en astrofísica darían para llenar numerosos libros de chistes. Si no fuera por la gravedad del asunto, estoy seguro de que me reiría de las necedades que acogen, a día de hoy, las redes sociales. Así, numerosas personas se afanan en demostrar que Albert Einstein, quien afirmaba aquello de “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana”, sentó cátedra con tamaña aseveración. 

Mas, si hay un sector que despierta en mí la mayor de las incredulidades, este es el de los defensores a ultranza de la patria (¿cuál?¿qué patria?). Emulan, en versos de Machado (poeta sevillano), a los mejores representantes de aquella España inferior que ora y bosteza, hombres del casino provinciano que reflejan el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza. Unidad de España, el ejército, los toros, la lengua y el Rey. Pero ¿y el resto? Cortocircuito cerebral.

Cual necios formados en la contemplación de la nada, sus burdas bocas catalogan al gallego, catalán, valenciano, leonés y demás variedades lingüísticas de “español mal hablado”, demostrando así que la educación en España es tremendamente deficiente. No obstante, sus ilustres mentes afirman que “el vasco es un dialecto”, frase con la cual enseñan al mundo que el don del raciocinio no ha llegado todavía al conjunto de la especie humana. La Real Academia Española (nada sospechosa de practicar un nacionalismo periférico) define dialecto como “variedad de un idioma que no alcanza la categoría social de lengua”. Es este el momento en que se abre para estas toscas personas un universo de posibilidades laborales, pues estoy seguro de que cualquier universidad que se precie contrataría ipso facto a quien establezca los orígenes del euskera, de forma que definan de qué idioma antiquísimo es variedad.

A pesar de ello, estos eruditos a la violeta no se han decidido todavía a compartir con la sociedad científica todas las evidencias que les llevan a semejante afirmación (o aberración, como el lector prefiera). La España inferior que ora y embiste demuestra así, a cada tuit lleno de ignorancia, que la labor de Moreno Cabrera no ha dado por el momento sus frutos y que el conocimiento es, aún, un bien que algunos se empeñan en rechazar. Mientras tanto, entre ley educativa y ley educativa, algunos esperamos impacientemente el fulgor de la España de la rabia y de la idea. O, lo que es lo mismo, de la España que abre un libro, lee y razona. 

Por Daniel Chapela

Estudiante del Grado en Lengua y Literatura Gallegas, desde el año 2016 centra buena parte de su vida en la cultura. Ha participado en proyectos como “Emma Pedreira: o DES-EN-FREO” (documental producido por Beatriz Pereira) y las jornadas “Literatura nas marxes. A creación alén do canon”, producidas con el apoyo de la Secretaría Xeral de Política Lingüística de la Xunta de Galicia. Actualmente, se encuentra inmerso en la distribución del documental “Xela Arias. Poeta nas marxes” -dirigido por Beatriz Pereira y dedicado a la autora homeajeada en las Letras Galegas de 2021-, así como de un fanzine homónimo. Es amante de la lectura, en especial de autores como Antonio Machado, Rosalía de Castro, Míriam Ferradáns o Inma López Silva. “Hablar de verdad, es amar, y amar de verdad, no es brillar, es arder” Christian Bobin.

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